
Ayer fui a la Casa del Tíbet de Barcelona para buscar información sobre nuestra nueva Aventura. La verdad es que entré sin saber si era el sitio correcto pero me parecía bien como primer contacto. La emoción la llevaba por dentro y subí las escaleras lentamente, con respeto, y sintiendo bullir la sangre por mis venas, gozando el momento a sabiendas que empezaba un nuevo reto.
Me atendieron estupendamente no sin advertirme de lo difícil (por no decir imposible) de la empresa. Como sé que ante las adversidades nos crecemos no hacia más que saltar de gozo. Monzones, malas carreteras, avalanchas, crecida de ríos... la peor época del año -qué bien (pensaba yo)-. ¡Eso sin contar con los chinos!
Me remitieron a recabar información a
Viajes Sanga. Mandé un e-mail a ver qué nos dicen. Ya estamos saltando a la pata coja. ¡Huelo a gasolina!