miércoles, 12 de agosto de 2009

Via crucis a Ulaan Baator

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Tres dias necesitamos para cubrir los menos de 1.000 kilómetros que faltaban para llegar a la capital Ulaan Baator en una furgoneta 4x4. ¿Cuánto nos hubiésemos demorado con las motos?.
Íbamos hacinados los 5 monstruos, más el conductor, las dos motos y todo nuestro equipaje. El calor y la falta de espacio era insoportable pero nuestra moral era muy alta y con buen humor y camaradería lo supimos llevar muy bien. Una locura, pero divertida.
Al conductor le llamábamos de todo: Jackie Chan, Chu-lí, Suegro (tiene una hija muy linda que nos despidió con té con leche y galletas), Michael Jackson (conducía con un solo guante, blanco, en su mano derecha) y tenía una cabeza más dura que el hormigón armado. Lo revisaba todo 500 veces antes de arrancar y nos sacaba de quicio con sus cabezonerías y sus cambios de cosas cuando todo ya estaba perfectamente en orden. Además, suponemos que para ahorrar gasolina, y para que le quedara mayor margen de beneficio sobre el precio pacatado, iba como que demasiado lento para nuestro gusto y no pasaba de 60 km/h. Vale que el camino era pésimo, vale que calculamos que con todo el peso arriba sumñabamos 3 toneladas pero es que daba la impresión de que andando le ganabas a la carrera. Lo que más me importaba a mí, no obstante, era llegar sanos y salvos pues ya había tenido demasiado con mis caídas. Lo malo es que Jackie conducía fatal, aceleraba donde no debía derrapando en las curvas y donde podia correr no pisaba (o la furgo no daba).
La furgo es sensacional. Tiene dos depósitos de combustible independientes, y su reductora para elegir tracción. El motor está dentro del habitáculo, entre conductor y pasajero, y suelta un calor de órdago, que suponemos irá muy bien en los fríos inviernos mongoles, pero en verano puedes asar sardinas encima. Con unas mantas y unos cojines mis compañeros fueron calentando sus posaderas por rigurosos turnos de 100 kilómetros cada uno, aunque parece que Mario, con su facilidad para los idiomas, pasó más rato que el resto conversando fluídamente con su suegro en mongoñol (ni mongol ni español). A mí me cedieron gentilmente el puesto de copiloto para que estirara la pata el máximo posible pero sufrí el tremendo calor los 3 dias de pesadilla y ya al final no sabía si era el mejor sitio o el peor.
En cuanto nos caía la noche, si no llégábamos a una población decente parábamos la furgo y montábamos campamento a disgusto de nuestro inestimable conductor. La primera noche fue a causa de rotura importante de motor. Ayudamos en todo lo que pudimos para poder continuar. Sacamos todas nuestras herramientas y estuvimos bastantes horas tratando de poner en marcha en cacharro pero con la cabezonería de Jackie Chan no podíamos y finalmente decidimos dejar que hiciera lo que le diera la gana mientras nosotros cenábamos ricamente a base de latas de garbanzos y lentejas, calentadas en un fuego de campo a ritmo de las meódicas canciones de Julio Iglesias que salían de mi movil y después nos acostamos ricamente cenados en nuestras tiendas pensando en el pobre Jackie. Toda la noche estuvo Jackie de trajín con todos los camiones y coches que pasaban por allá y ya por la mañana resolvió una pieza nueva igualita que la que se había partido la noche anterior. Esto es lo bueno de estos vehículos populares, que hay muchos recambios en todas partes. Así que el pobre Michael Jackson arrancó sin apenas haber dormido y empezamos otra jornada de desierto. El tipo se dormía conduciendo, estaba al límite de sus fuerzas. Se peinaba, se sacaba el gunate y se lo volvía a poner, encendía un cigarrillo, comía una galleta, sacaba la cabeza por la ventana. Estaba hecho polvo y no lo quería reconocer. Le hicimos parar en un pueblecito del camino y le obligamos a dormir dos horitas. A los 10 minutos ya estaba en un restaurante comiéndose un plato de sopa y metiéndonos prisa para seguir. ¡De madre!. Pinchamos rueda, atravesamos ríos, cogimos los mil y un baches y ya de noche cerrada el tercer dia, Ulaan Baator a las puertas. Una gran tormenta eléctrica nos recibe. Apenas cae agua pero los rayos y los truenos van en aumento y por doquier. El silencio se hace dentro de la furgo y cada cual sabe lo que pensaba en aquel momento. Mario nos regala un momento impagable del viaje al poner en marcha su móvil al ritmo de un pasodoble español. En ese momento pensé en la escena de los helicópteros atronando con La carga de las Valkirias, de Wagner, en la película Apocalypsis Now. Y así, entre mil risas es como llegamos por fin a la capital de Mongolia: Ulaan Baator.

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